Ya no quedan, castillos en el aire,
ni nubes de algodón.
Ya no quedan, domingos por la tarde,
ni sueños por hacer.
Ya no quedan, noches en desvelo,
ni nada por decir.

Recuerdo, cuando estábamos solos,
cuando aprendimos que una tarde,
puede convertirse,
en un gran barco de piratas.

Me enseñaste,
que una patada era que me callara,
y dos que estabas enfadado,
y con decir: " volvamos a empezar",
estaba todo solucionado.

Recuerdo, cuando éramos pequeños,
y el tiempo no importaba,
recuerdo, que éramos felicies.

Me enseñaste,
que con una mirada,
podemos decir todo lo que callamos.
Aprendimos, a compartir nuestro secretos,
que lo amigos son contados,

y ahora...
me enseñaste,
que la distancia, no hace el olvido,
por eso te recuerdo, tal y como eras.

Después de un largo tiempo,
llega la despedida,
pero no el adiós,
por eso aún sigo esperandote,
en mi viejo caballito de madera.